Las emociones en el posparto

Escrito por: Ana Margarida Marques
Con los testimonios y revisión de: la Dra. Rita Luz, investigadora y la Profesora Doctora Isabel Leal, psicóloga.

Sepa más sobre los cambios de humor que se producen en la mujer después del parto.

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«La idea de que surge una pasión inmediata entre madre e hijo después del parto es un mito», avanza la investigadora Rita Luz, que refiere que la mujer experimenta una diversidad de emociones durante el puerperio. No significa que la madre no esté feliz con el nacimiento, pero su estado emocional cambia después de vivir los nueve meses de embarazo y el parto.

«La idea de que surge una pasión inmediata entre madre e hijo después del parto es un mito», avanza la investigadora Rita Luz, que refiere que la mujer experimenta una diversidad de emociones durante el puerperio. No significa que la madre no esté feliz con el nacimiento, pero su estado emocional cambia después de vivir los nueve meses de embarazo y el parto.

En el puerperio
La mayoría de las madres suelen estar tranquilas después del parto, aunque visiblemente cansadas, como explica la investigadora Rita Luz: «En la mayoría de los casos, las mujeres sienten que son más eficientes. Tienen más seguridad y están dispuestas a enfrentarse a situaciones imprevistas». Al mismo tiempo que estas madres reconocen que necesitan ayuda, son madres que sienten confianza a la hora de cuidar a sus bebés.

Por otro lado, otras madres no tienen la misma capacidad de enfrentarse a los retos de la maternidad de inmediato, lo que no significa que no se adaptan totalmente más tarde a su papel materno. «Tienen la noción de que no son capaces y siempre se están evaluando», destaca Rita Luz, continuando: «Es normal que existan diversos síntomas después del parto, como labilidad emocional, irritabilidad, llanto fácil, apatía y melancolía». Los técnicos llaman a este estado psicológico baby blues, un cuadro diferente al de la depresión posparto.

Baby blues
Justo después del parto los padres se enfrentan por primera vez a la presencia del bebé, por lo que pueden comenzar a surgir sentimientos como el miedo, la inseguridad y la desilusión. El propio nacimiento es un proceso de separación entre la madre y el bebé, siendo fundamental que exista un soporte familiar para ayudar a atenuar la angustia.

«La mayor parte de las mujeres tienen una sensación de vacío unos días después del parto, que puede durar una semana o prolongarse un poco más de tiempo», refiere también la psicóloga clínica Isabel Leal. Y añade: «Surge en las mujeres la idea de que no lo están haciendo como deberían y de que no encuentran satisfacción en esos primeros momentos en los que son madres».

Los estudios de incidencia estiman que del 50 al 80 por ciento de las puérperas sufren baby blues, produciéndose en mujeres saludables desde el punto de vista físico y psicológico.

Los cambios de humor tienen mucho que ver con la reorganización hormonal y metabólica de la experiencia del parto. El hecho de que la mujer esté ingresada en el hospital y de que sienta un cansancio extremo puede contribuir a un estado de inestabilidad emocional.

Las emociones en el posparto también pueden estar relacionadas con otras circunstancias asociadas al presente o al pasado de los recién padres, la relación entre ambos o con su familia de origen.

La propia personalidad del bebé puede que no ayude a la madre en los primeros tiempos de vida, añade. Algunos recién nacidos tardan más tiempo en autorregular el sueño, los cólicos y la alimentación, dificultando la adaptación de la pareja al bebé y viceversa.

Estrategias para los padres
El nacimiento del bebé implica un mecanismo de adaptación y de nuevas estrategias.

Las madres deben ser conscientes de que no todo será perfecto después del nacimiento de su hijo. El hecho de que el padre y la madre compartan las tareas puede atenuar el impacto excesivo de tener que enfrentarse a la nueva fase de la llegada del bebé, refiere la psicóloga Isabel Leal.

Cuando surgen problemas emocionales relacionados con el embarazo o el nacimiento, la madre debe pedir ayuda a personas de su confianza y a los profesionales de salud. El padre y la madre también deben conversar y compartir sus alegrías, pero también los miedos y las inseguridades.

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