Lactancia y bienestar en el posparto
La lactancia materna tiene un efecto antidepresivo en la madre e influye en su bienestar de diversas formas. Para la psicóloga Bárbara Figueiredo, al amamantar, la mujer no solo está contribuyendo a la salud del bebé, sino que también tiene beneficios para ella misma.

Un nuevo estudio llevado a cabo por la Universidad de Minho, en Portugal, en colaboración con la Universidad de Miami, en los Estados Unidos de América, sugiere que la lactancia materna exclusiva reduce el riesgo de depresión posparto en la madre, ejerciendo una función protectora de su bienestar físico y psicológico durante los primeros meses después del nacimiento del bebé.
De acuerdo con Bárbara Figueiredo, psicóloga e investigadora de la Universidad de Minho, «la lactancia favorece todo un conjunto de circunstancias que facilitan el bienestar de la madre».
A nivel biológico, contribuye a la regulación hormonal después del parto, provocando la liberación de hormonas como la oxitocina y la prolactina, asociadas a la producción y expulsión de la leche materna, y con un impacto positivo en el estado de humor de la madre.
«El aumento de los niveles de oxitocina en el cerebro llevan a estados de bienestar, y está relacionada con el fortalecimiento del vínculo de la madre con el bebé. Es una de las hormonas que, por ejemplo, participa en el orgasmo», explica.
Por otro lado, la lactancia atenúa las respuestas de la madre al estrés, interfiriendo en la regulación de la reactividad del denominado eje HPA (hipotalámico-hipofisario-adrenal) y de los patrones de cortisol, la hormona producida como respuesta a las situaciones de estrés.
«Las mujeres que están en periodo de lactancia tienen una menor reactividad del eje HPA; es decir, en estados de elevado estrés, ante un estímulo doloroso o una amenaza, no responden de una forma tan acentuada, y sus patrones de cortisol a lo largo del día están más regulados», dice.
Las madres que amamantan duermen mejor
Según Bárbara Figueiredo, estos cambios biológicos también influyen en la regulación del sueño, permitiendo que la madre se duerma más fácilmente y tenga un sueño de mayor calidad, incluso aunque se despierte más veces durante la noche para dar de mamar.
«No es extraño que las mujeres que están amamantando no solo muestren niveles de estrés más reducidos –como si de cierta forma estuviesen más tranquilas, casi en un “estado zen”– sino que además duermen mejor», dice la especialista, recordando que se trata de un aspecto determinante para el bienestar de la madre, ya que en muchas ocasiones la depresión posparto surge por problemas de sueño.
Refuerzo de la autoestima materna
Dentro de la variedad de beneficios que representa la lactancia para el desarrollo del bebé, la asociación entre la lactancia materna y el bienestar psicológico de la madre muchas veces se deja en segundo plano.
Según explica Bárbara Figueiredo, es importante que las mujeres sepan que, al amamantar, también están contribuyendo a su bienestar físico y psicológico.
«Es más fácil convencer a una madre a que haga algo por su bebé que por ella misma, pero es importante que sepa que con la lactancia materna también se está beneficiando a sí misma. Un bebé saludable no tendrá que ir tanto a urgencia, faltará menos al colegio y permitirá a su madre tener más disponibilidad para ella y para otras cosas que también son importantes en su vida», subraya.
Una de las contribuciones más importantes para el bienestar psicológico de la mujer en este periodo es el refuerzo de su autoestima materna. Al sentir que amamantar forma parte de su función como madre, la mujer tiene más confianza en sí misma y mejora su sentido de "autoeficacia", lo que aleja los estados depresivos.
«Las madres se sienten mal cuando no están amamantando y se sienten más madres cuando lo hacen, lo que no quiere decir que tenga que ser así, pero es lo que sucede habitualmente. La madre que amamanta se siente una madre completa. Por muchos motivos, entre ellos algunos socioculturales, las madres refuerzan su identidad cuando están amamantando», subraya.
Desde el punto de vista de la psicóloga, se trata de una cuestión sensible. Cuando la madre no es capaz de amamantar u opta por no hacerlo, debe recibir el apoyo médico y familiar necesario para evitar que su autoestima con respecto al desempeño del papel materno se debilite.
Participación y vínculo materno
La lactancia materna hace crecer exponencialmente la implicación emocional entre la madre y el bebé, promoviendo la interacción de una forma única. Es otra de las contribuciones de la lactancia al ajuste psicológico necesario después del parto.
Según Bárbara Figueiredo, «cuando se da de mamar, los ojos del bebé están a la distancia y en la posición exacta necesaria para que este pueda ver los ojos de su madre y para que se pueda restablecer el contacto ocular mutuo», algo extremamente importante para que la madre y el bebé puedan interactuar, conocerse y compartir estados emocionales positivos.
Además, el bebé para mamar necesita hacer un esfuerzo diferente succionando la leche del que haría si estuviera mamando del biberón, lo que favorece la maduración de su sistema nervioso central.
«Se trata de una diversidad de situaciones: el bebé duerme mejor, es más capaz de regular sus estados de tensión y tranquilidad y tiene más disponibilidad para la interacción, lo que "obliga" a la madre, en sentido positivo, a estar más centrada en su bebé y a sentirlo más», describe.
Cuando se produce una depresión, esa implicación e interacción con el bebé, normalmente, se ve comprometida, por lo que, una vez más, la lactancia actúa como un medio de protección del bienestar de la madre.
Antidepresivo natural
Después de que el bebé nazca se produce un torbellino de emociones y cambios hormonales típicos del periodo posparto que pueden dejar a la madre ansiosa y emocionalmente inestable. En los primeros días, la mujer se puede sentir cansada, vulnerable e incluso tener ataques de llanto. Este fenómeno se denomina “baby blues” y se debe encarar con naturalidad, porque es muy frecuente y generalmente desaparece por sí solo al cabo de algunos días.
La depresión posparto, diferente al “baby blues”, es un trastorno psicopatológico grave, que puede aparecer al cabo de unas semanas o meses después del parto, y que presenta los mismos síntomas de una depresión común que pueda producirse en cualquier otra fase de la vida, pero que en este caso va acompañada por señales específicamente vinculadas a la relación con el bebé.
Además de la fatiga y de los cambios a nivel del sueño y de los patrones alimenticios, la madre que está deprimida puede perder el interés y el placer de cuidar al bebé, al mismo tiempo que puede comenzar a tener sentimientos de culpabilidad por no ser capaz de cuidar al bebé como le gustaría y por sentirse mala madre.
«Los familiares, en particular el compañero, y cualquier persona con la que se relacione la madre en sus contactos con el sistema de salud –como el médico, la enfermera, el psicólogo o la propia persona que le da la cita– deben estar atentos y dispuestos a ayudar a la madre, para reconocer las señales de que está deprimida», explica Bárbara Figueiredo.
A la luz de los resultados de su último estudio, la psicóloga también defiende que los mecanismos biológicos y psicológicos que se ponen en marcha en la lactancia protegen a la madre de los estados depresivos que pueden surgir después del nacimiento del bebé, funcionando como un antidepresivo natural.


