Relación de la pareja en el embarazo y en el posparto

Escrito por: Iolanda Veríssimo
Con los testimonios y revisión de: la Dra. Marta Crawford, psicóloga y sexóloga.

El embarazo puede ser una oportunidad para que la pareja fortalezca su intimidad y mejore su vida sexual, aclara la sexóloga Marta Crawford.

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La sexualidad en el embarazo es un tema que aún genera muchas dudas e inquietud a las parejas. La sexóloga Marta Crawford ofrece a las parejas embarazadas y a los nuevos padres algunos consejos centrados en la relación de la pareja durante el embarazo y después del nacimiento de los hijos. Entre las ideas destacadas por la especialista, cabe señalar la perspectiva de que el embarazo y el primer año después del parto constituyen una invitación a descubrir nuevas formas de relacionarse íntimamente como pareja.

La importancia del diálogo

Conversar sobre cómo enfrentarse a las dificultades y recelos que surgen normalmente en el embarazo, es una estrategia que debe constar en la lista de prioridades de la pareja.

«La mujer pasa por una serie de cambios en el embarazo sobre los que es necesario hablar, para encontrar nuevas formas de intimidad, de tal forma que ambos se sientan bien, más cercanos, más cómplices y comprensivos. No hay que tener miedo de hablar sobre sus deseos, inquietudes y miedos específicos en cuanto a la actividad sexual», señala la psicóloga.

Adaptarse a los cambios

Salvo raras excepciones, por contraindicación médica, no hay razón para interrumpir la actividad sexual en el embarazo. Hay incluso parejas que tienen relaciones sexuales hasta el final de la gestación.

«Las relaciones sexuales con penetración no perjudican ni "dañan" al feto, que está muy bien protegido dentro del útero de la madre, envuelto por el líquido amniótico, la placenta y la cavidad uterina», explica Marta Crawford.
Sin embargo, es natural que, tanto la mujer como el hombre, no se sientan cómodos teniendo relaciones sexuales durante ese periodo. Al principio del embarazo, siempre hay cierto temor, asociado a la pérdida del bebé, lo que provoca que se evite la actividad sexual, y al final de la gestación surgen nuevos miedos de que las relaciones sexuales provoquen el parto prematuro.

De hecho, la mujer pasa por una verdadera revolución hormonal, que incluye transformaciones físicas y emocionales que se reflejan en su aspecto físico, estado de espíritu y humor, y que tienen inevitablemente impacto en su sexualidad.

«Muchas mujeres se sienten inseguras y especialmente vulnerables y necesitadas durante el embarazo, porque no se sienten atractivas y cómodas con las transformaciones por las cuales pasa su cuerpo. Interiormente, a nivel de las emociones, también se produce un proceso de transformación, en el que se mezclan sentimientos de temor, entusiasmo y deseos», recuerda Marta Crawford.

Estos cambios pueden llevar a la disminución del deseo sexual femenino, sobre todo en el primer trimestre; sin embargo, cada caso es un caso, por lo que hay mujeres que incluso notan un aumento del deseo sexual durante el embarazo.

Reinventar la sexualidad

Ante todos estos cambios, es importante que la pareja encuentre nuevas formas de relacionarse sexualmente, no solo probando otras posiciones sexuales que sean más cómodas para ambos, sino también encarando los gestos más sencillos como formas de relación íntima.

«La pareja debe buscar estrategias para cambiar su forma de intimidad sexual, para que esta sea más satisfactoria para la mujer. Una sexualidad más centrada en el cariño, las caricias y caracterizada por otros tipos de comportamiento sexual, como el sexo oral o la masturbación», aclara Marta Crawford.

Una vez más, la especialista subraya el hecho de que este es un camino que se recorre en pareja, con comprensión y a través del diálogo. Muchas parejas son capaces de lograr ese equilibrio: «algunas parejas usan una gran paleta de colores en su sexualidad y se descubren efectivamente durante el embarazo, encontrando otras alternativas para mantener el contacto íntimo con frecuencia, de una forma satisfactoria», añade.

El recogimiento físico en el posparto

Marta Crawford desmitifica la idea de que un mes después del parto la mujer ya está lista para retomar la vida sexual que tenía antes del embarazo. Puede suceder en el caso de algunas mujeres, pero no se puede definir dicho plazo de una manera rigurosa. «Existen inmensas preocupaciones durante los primeros meses de adaptación a la maternidad y a la paternidad. Ha entrado un nuevo elemento en la familia que, de hecho, necesita mucha atención», recuerda.

Además de esta adaptación a la rutina familiar, también existen situaciones clínicas como la episiotomía o las mastitis, que en muchas ocasiones afectan al bienestar de la mujer. En esta fase, es esencial la comprensión del compañero.

«Es necesario respetar ese periodo de indisponibilidad. Se produce un recogimiento físico que hace que la excitación y la lubricación disminuyan. Además, las mujeres a las que han realizado una episiotomía tienen la zona genital mucho más delicada y, aunque ya haya cicatrizado, existe temor a la hora de la penetración», explica.

En el caso de las mujeres que han tenido un parto por cesárea, pueden tener dificultades para aceptar la cicatriz resultante de la intervención. Este proceso de adaptación por parte de la pareja, especialmente de la mujer, lleva a que muchas veces la sexualidad solo se recupere de forma satisfactoria un año después del nacimiento del bebé.

Según Marta Crawford, este periodo puede ser más corto si la pareja verbaliza lo que siente y conversa sobre qué puede hacer para cambiar su situación. En ese caso, dice la especialista, la reanudación de la vida sexual puede costar unos seis meses.

Recuperar la confianza

Después del nacimiento del bebé, el compañero puede tener dificultades para comprender las razones que impiden las relaciones sexuales. También es su responsabilidad tranquilizar y apoyar a la mujer para que recupere la confianza, sin que esta se sienta presionada.

Es necesario mantener la relación de pareja

El primer año después del embarazo es un año de transformación. Ser padre y madre, sin dejar de ser una pareja, es uno de los retos más difíciles.

«A partir del momento en el que se tiene un hijo, pasamos a ser padres y madres hasta el final de nuestras vidas. Sin embargo, solamente serán una pareja mientras la relación sea lo suficientemente interesante para ambos», sugiere Marta Crawford.

Para lograr este objetivo, es fundamental que la pareja siga reservando un espacio para “nutrir” su propia relación.
«Es necesario mantener actividades que la pareja solía hacer en conjunto, como ir al cine o a bailar… Aunque no lo puedan hacer con la misma frecuencia, es muy importante que la pareja se construya», recomienda la psicóloga. En caso contrario, la dinámica familiar puede hacer que se desvanezca la intimidad en pareja.

«Existen muchas familias que solamente son familias y que han dejado de ser una pareja. Han pasado a ser parejas-familias. Son parejas desde el punto de vista funcional, van a la compra, se encargan de la casa, funcionan muy bien, pero han dejado de ser una verdadera pareja», considera.

Red de soporte familiar

Para encontrar ese espacio en pareja, es importante que los padres busquen soluciones que les permitan sentirse seguros y tranquilos en los momentos en los que no están con el niño. En ese contexto, la existencia de una red de soporte familiar puede ser decisiva.

«Es muy importante que las parejas se den cuenta de que, si pueden dejar a sus hijos con alguien en quien confían, como es el caso de los padres, una hermana o amigos que tengan hijos de la misma edad, encontrarán espacio para seguir siendo una pareja. Es muy importante cultivar esa red de relaciones desde el principio», anima Marta Crawford.

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