Nueve meses para que nazca una familia

Escrito por: Teresa Abreu, psicóloga clínica, con Violante Assude, periodista especializada en salud.

El embarazo es un proceso de ajuste personal tanto del hombre como de la mujer a la nueva realidad de ser padres, proceso que implica un cambio en la familia y en la dinámica de la relación de la pareja.

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El embarazo es algo positivo que sucede en la vida de ambos padres, una especie de consagración de su amor y del sueño realizado. El periodo de embarazo se refiere a las aproximadamente 40 semanas que van desde la concepción hasta el nacimiento del bebé, y refleja toda la historia de los padres antes del momento de la concepción. Es el primer paso de la pareja para «convertirse en madre» y «convertirse en padre».

Durante ese proceso, y mientras el cuerpo de la madre forma el feto, ambos se apoyan uno al otro durante el cambio del sentimiento de identidad, en la construcción de la vida psíquica del futuro bebé y en la creación de una relación totalmente nueva de tres personas.

Si es verdad que «hay tantas maneras de ser madre o madre como padres y madres», según defiende Jean Bégoin, psicoanalista y miembro fundador del grupo de estudios psicoanalíticos del niño y del recién nacido, también es verdad que el deseo de tener un hijo y el deseo de convertirse en madre o padre son cosas diferentes. La especialista en psicología del embarazo y de la paternidad Isabel Leal defiende que el deseo de tener un hijo es una manera de probar una potencialidad biológica; en cambio, el deseo de convertirse en madre o padre implica una inversión en un proyecto a largo plazo.

«Un hijo nace primero en la imaginación y en los sueños de los padres», nos dice Eduardo Sá, psicólogo e investigador en el ámbito del feto y del bebé, que defiende que existimos emocionalmente antes de nacer.

El embarazo es un proceso de crecimiento para los padres

Filomena Bayle, psicóloga clínica especialista en psicología del embarazo y de la paternidad, propone una reflexión sobre cuál es el lugar de dicho niño en este proyecto, en este deseo de paternidad. ¿Qué aporta a la pareja y cuál es la situación familiar en ese momento? ¿Qué representa el niño para la madre y para el padre con respecto a la propia familia? Según la psicóloga, un hombre o una mujer que se preparan para transformarse en padre y en madre tienen que «dar un paso atrás para poder avanzar mejor»; es decir, retirarse o retroceder para reorganizarse. El embarazo constituye un punto de inflexión que puede suponer una perturbación o incluso un cambio en el modo de ser y de estar habitual. Esta opinión la comparten varios expertos: el embarazo es un periodo de crisis que implica muchos cambios de diverso tipo y en momentos diferentes, pero también un crecimiento sin retroceso. Ser padre o madre implica salir de la posición de hijo(a) para ser un cuidador.

Durante el embarazo, lo desconocido hace que se despierten en la mujer fantasías inconscientes que pueden hacer que se sienta insegura, sensible e incluso vulnerable. Ese proceso es normal y es fundamental para que la mujer se transforme en una madre naturalmente predispuesta a satisfacer las necesidades de su bebé, lo que Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista infantil, ha denominado «preocupación maternal primaria».

La relación del padre con el hijo

En el hombre se recrea un estado semejante que le permitirá sentirse como padre de ese niño, lo que le ayuda a verse rápidamente como un agente participativo y activo en dicha relación. Para la mujer, la vinculación al hijo puede ser más fácil, porque el bebé crece dentro de ella, mientras que el hombre solo lo puede hacer en su imaginación. La madre tiene una influencia importante en esta relación padre-bebé, pudiendo incentivar al padre a participar de una forma más cercana durante el embarazo y, más tarde, no impidiendo de forma competitiva el acceso al hijo; es decir, «permitiendo al padre ser padre», como alerta Teresa Ferreira, psiquiatra y psicoanalista.

Tanto los padres que esperan un hijo como los que cuidan de él tienen que darse cuenta de la fuerza y de la ambivalencia de los sentimientos que acompañan al embarazo.

Los investigadores aseguran que la competencia y la autoconfianza como padres no son talentos innatos de las mujeres, sino que se adquieren gracias a la participación de ambos padres durante el embarazo, lo que se traduce en una mayor disponibilidad para comprender las señales precoces del bebé.

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