Elegir el nombre del bebé
El nombre acompaña al niño toda su vida. Sepa por qué y cómo dicha decisión puede ser un descubrimiento para los padres.

La historia del nombre de Alice comienza así. «La primera vez que la vi, me pareció el nombre perfecto para ella. Hoy la miro y pienso que no podría haber tenido otro nombre. El nombre "Alice" ganó una nueva dimensión y nuestra hija también le dio una nueva dimensión al nombre», cuenta la madre.
Ángela y Rodrigo optaron por esperar al parto para saber que iban a tener una niña. Solamente entonces anunciaron qué nombre habían elegido. «En el embarazo lo llamábamos “nuestro bebé”, incluso después de haber decidido el nombre de niña y el de niño», comparte. Alrededor de los ocho meses crearon dos listas distintas con base en las preferencias de ambos. Cuentan que vivieron «la fase del descubrimiento de los significados de cada nombre». Poco tiempo después eligieron dos: uno masculino y otro femenino, Alice.
La importancia de la identidad
El nombre está cargado con las expectativas de los padres con respecto al niño que va a nacer. «Los padres ponen muchas expectativas en el nombre del bebé» relacionadas con su contexto, por ejemplo, y con historias familiares, refiere Teresa Abreu, psicóloga clínica. «El nombre nos marca para el resto de nuestras vidas», destaca.
Su elección depende de cómo negocia la pareja sus propias reglas: por ejemplo, si permite que la familia participe en la decisión del nombre o si opta por hacer una lista que guardan para ellos. No existen fórmulas para una elección correcta, pero es verdad que el nombre nos acompaña desde el nacimiento hasta el final de la vida, siendo la primera referencia de nuestra identidad.
Ante el nacimiento de un niño es común homenajear a las tías, a los bisabuelos, a los antepasados más queridos de la familia. Todavía existen parejas que optan por seguir las tradiciones generacionales, como dar el nombre del padre o del abuelo al bebé.
Los nombres y sus posibles orígenes
El nombre puede tener origen en el contexto social y cultural en el que se encuentra el niño. Ciertas familias dan nombre al niño según sus creencias religiosas. Por ejemplo, pueden darle el nombre de María Magdalena por el hecho de que sea un personaje bíblico que puede tener un significado especial para ellas.
Algunas personas consideran que el nombre es una especie de talismán, porque determina la suerte de quien los lleva. En la antigua Grecia se creía incluso que el nombre que se le daba a un niño definía su destino.
Actualmente, no pocas veces se opta por dar primacía al origen y al significado del nombre. Por ejemplo, elegir Helena, que viene del griego, porque significa «antorcha, luz, luminosa» o Andrés, nombre al que se le atribuye el significado de «fuerte».
Hay quien siga las denominadas «modas». Es imposible negar que actualmente se encuentran en desuso muchos de los nombres que constan en los registros de los certificados de nacimiento de hace algunos años. Dicen los especialistas que lo fundamental es que los padres conversen sobre las diversas posibilidades que existen.
Sobre todo, la madre y el padre deben sentirse cómodos con su elección final, no ceder a las presiones uno del otro, y recordar a los familiares y a los amigos que la elección del nombre es una decisión de los padres.


