La importancia del hierro

Escrito por: Iolanda Veríssimo
Con los testimonios y revisión de: António Robalo Nunes, especialista en inmunohemoterapia.

El aumento de las necesidades nutricionales propias del embarazo implica que la futura madre tendrá que compensar la carencia de nutrientes como el hierro. Conozca los cuidados esenciales para prevenir la anemia.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más del 40 por ciento de las embarazadas en todo el mundo sufren anemia. En la mayoría de las veces, el origen del problema es la carencia de hierro, causa del 95 por ciento de los casos de anemia en el embarazo. El hierro es un micronutriente mineral con un papel esencial en la formación de la hemoglobina, cuya función es transportar el oxígeno por los tejidos del cuerpo.

De acuerdo con el especialista en inmunohemoterapia, el Dr. António Robalo Nunes, antes de llegar a una situación de anemia, la carencia de hierro ya implica un tratamiento y cuidados preventivos diarios, a través de una alimentación equilibrada y de la suplementación nutricional adecuada.

«La mujer siempre debe prestar atención a la anemia, porque la condición femenina constituye una condición desfavorable con respecto a la misma. Es decir, la mujer tiene mucha más tendencia a sufrir anemia que el hombre, en particular por el hecho de que los periodos menstruales a lo largo de los años implican siempre un balance negativo del hierro», explica.

¿Qué es la anemia?

La anemia es una enfermedad de la sangre provocada por una disminución del número de glóbulos rojos o de hemoglobina en la sangre, a un valor por debajo de la referencia para la edad y para el sexo. Esta reducción de la hemoglobina provoca una dificultad para transportar el oxígeno por los tejidos del cuerpo.

Necesidades añadidas de hierro en el embarazo

En el embarazo, más precisamente en el segundo trimestre de gestación, esta situación de fragilidad se acentúa. Mientras que en el primer trimestre de gestación el hecho de que la mujer no menstrúe reduce las pérdidas de hierro, en el segundo trimestre de embarazo, se produce un aumento de la producción de glóbulos rojos por parte de la madre.

«A partir del segundo trimestre hay un boom, un crecimiento significativo del feto y de la placenta, y es necesario aumentar la masa eritrocitaria de la madre», aclara el Dr. António Robalo Nunes. Además del embarazo, algunas situaciones como la menstruación, enfermedades gastrointestinales y otros problemas que causen pérdidas de sangre pueden originar anemia.

Síntomas comunes

La fatiga, el aumento de la frecuencia cardíaca (taquicardia), la falta de aire, palidez, caída del pelo, cambios en la piel y fragilidad de las uñas son algunos de los síntomas perceptibles de la anemia. La enfermedad también puede conducir a una mala respuesta al esfuerzo, provocar trastornos del sueño y dificultades de concentración.

Riesgo de complicaciones

Según el Dr. António Robalo Nunes, la anemia y la deficiencia de hierro tienen un impacto negativo en los tres componentes del “sistema” que el embarazo pone en funcionamiento: madre, feto y placenta. La enfermedad puede dar origen a una serie de enfermedades maternas y fetales, sobre todo si los niveles de hemoglobina están por debajo de los 10,5 g/dl, valor de referencia para la embarazada en el segundo trimestre de gestación.

Entre los problemas que pueden afectar a la madre, se destaca el riesgo aumentado de insuficiencia cardíaca, una mayor predisposición para desarrollar infecciones y cierto peligro de accidentes embólicos. Las complicaciones se pueden extender al periodo posparto, habiendo mayor probabilidad de que se produzca una hemorragia y un retraso en la recuperación poscesárea.

En cuanto al bebé, el crecimiento y el desarrollo se pueden ver afectados tanto a nivel intrauterino como después de que el bebé nazca, a largo plazo.

Además de la amenaza de prematuridad, hay un riesgo tres veces superior de muerte en el útero. Como refuerza el Dr. António Robalo Nunes, «el bebé ya nace con un ambiente deficiente desde el punto de vista de los depósitos de hierro, lo que en muchas ocasiones se traduce en un impacto negativo en cuanto al desarrollo cognitivo y las aptitudes mentales».

Alimentación saludable

El hierro puede tener dos orígenes: animal y vegetal. El hierro de origen vegetal está presente en alimentos como los vegetales de hoja verde oscura (espinacas, berros, rúcula, brócoli) y las legumbres (judías, lentejas, habas, guisantes). En cuanto al hierro de origen animal, las carnes rojas, las carnes de aves, así como el pescado son alimentos ricos en dicho mineral.

Según el Dr. António Robalo Nunes, el primer cuidado preventivo de la anemia es la adopción de una alimentación saludable y equilibrada, que incluya el hierro vegetal y el hierro animal en la misma comida, para potenciar la absorción de hierro por el organismo. «No comer verduras es malo, pero comer solamente verduras también lo es. Combinar carnes rojas o pescado con verduras en la misma comida, probablemente es lo mejor para la absorción del hierro».

Suplementación nutricional

Según el Dr. António Robalo Nunes, además de la alimentación, la prevención de la anemia en el embarazo se debe realizar a través de la suplementación nutricional. «La anemia implica una suplementación farmacológica. Siempre y sistemáticamente. Es imposible colmar solo por vía alimentaria el aumento de las necesidades que genera el propio embarazo», subraya.

Según el médico, esta suplementación se debe realizar por vía oral, de forma regular, todos los días y en la dosis indicada por el médico. El refuerzo en el aporte de hierro debe continuar después del parto. «El parto conlleva siempre una hemorragia asociada, lo que provoca un balance negativo de hierro», justifica.

En las normas de las principales autoridades de salud, se recomienda la suplementación con hierro durante el embarazo y en el periodo de lactancia materna, en el caso de que exista una evaluación médica que lo indique. Sin embargo, este aspecto se debe debatir con el médico ginecólogo y obstetra.

Valores de referencia en el embarazo

Los valores de hemoglobina de referencia para la embarazada se deben situar en los 11 g/dl de hemoglobina en el primer y tercer trimestre; 10,5 g/dl en el segundo trimestre; y 10 g/dl en el periodo posparto.

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