La anemia en el embarazo

Escrito por: Iolanda Veríssimo
Con los testimonios y revisión de: el Dr. António Robalo Nunes, médico especialista en inmunohemoterapia.

La suplementación con hierro es imprescindible para responder a las necesidades que genera la evolución del embarazo, explica el médico especialista en inmunohemoterapia António Robalo Nunes.

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La anemia afecta a una función vital: al transporte de oxígeno por los tejidos del cuerpo. António Robalo Nunes, especialista en inmunohemoterapia, aclara cómo pueden contrarrestar las embarazadas el impacto de la anemia durante el periodo de gestación.

¿Qué es la anemia?

Es una situación derivada de la disminución del número de glóbulos rojos o de hemoglobina en la sangre a un valor inferior al de referencia para la edad y para el sexo, y que se traduce en una dificultad para transportar el oxígeno por los tejidos del cuerpo. Las principales causas son nutricionales, es decir, por el aporte. Dentro de estas, el hierro es el campeón absoluto. Se estima que el 95 % de los casos de anemia en el embarazo se deben a una deficiencia de hierro.

¿Cuáles son los valores de referencia para la embarazada?

Según la Organización Mundial de la Salud, el valor aritmético que define la existencia de anemia, y que no siempre corresponde a la verdadera dimensión biológica de esta, nos dice que la mujer adulta debe tener un valor superior a 12 g/dl de hemoglobina. En el caso de la embarazada, estos valores son diferentes. Es aceptable que la mujer en el segundo trimestre de embarazo tenga un valor de 10,5 g/dl, mientras que en el primer y tercer trimestre tenga un valor de 11 g/dl.

¿Cómo se manifiesta la anemia?

El síntoma más presente es el cansancio. Es evidente que el embarazo enmascara mucho la sintomatología, porque las personas asocian la fatiga anormal al embarazo. Además, puede existir un conjunto de síntomas muy amplio. Lo que está en causa en la anemia es la capacidad de transporte del oxígeno y cuando el transporte del oxígeno disminuye, toda la función cognitiva y sexual, entre otras, se ve comprometida. La palidez, la caída del pelo, los cambios en la piel, la fragilidad de las uñas, la mala respuesta al esfuerzo, la taquicardia o la falta de aire pueden ser síntomas de anemia. Es un conjunto amplio de síntomas, pero que no siempre aparecen en su totalidad en todas las personas.

¿Por qué hay que tener un cuidado especial durante el embarazo?

La anemia es el problema médico más frecuente de la mujer embarazada. No quiere decir que sea el más importante, pero sí es el más frecuente. El embarazo necesita poner en funcionamiento un sistema que incluye a la madre, al feto y a la placenta. Es decir, es necesario alimentar a una tríada. Los glóbulos rojos tienen que crecer y producir sangre para alimentar a un nuevo ser vivo, y para que eso ocurra es necesario aportar material complementario.

¿Cómo se debe tratar?

El embarazo siempre genera un balance negativo de hierro y, por lo tanto, implica una suplementación farmacológica. Sobre todo, a partir del segundo trimestre. Es imposible conseguir colmar solo a través de la alimentación el aumento de las necesidades que genera la propia evolución del embarazo. La suplementación con hierro se debe realizar por vía oral de forma regular y diaria, y según la dosis indicada, para que el embarazo llegue hasta el final con los menores daños posibles. En muchas ocasiones, las personas se escudan en suplementos multivitamínicos, convencidas de que están realizando una verdadera suplementación, pero no lo están haciendo, porque esos productos no tienen la cantidad de hierro necesaria. No estoy cuestionando el hecho de que sea necesario dar más vitaminas al organismo durante el embarazo, pero es necesario tener cuidado con ciertos logros terapéuticos.

¿Se debe realizar la suplementación durante todo el embarazo?

Durante el primer trimestre de embarazo en realidad no es necesaria una gran suplementación, porque la ausencia de la menstruación también contribuye de cierta manera a un mayor equilibrio del hierro. A partir del segundo trimestre se produce un “boom”, un crecimiento significativo del feto y de la placenta, y es necesario aumentar la masa eritrocitaria de la madre. Para eso es necesaria la suplementación farmacológica.

¿Este refuerzo sigue siendo necesario en el posparto?

Yo lo considero recomendable. El parto conlleva también una hemorragia asociada, lo que provoca que haya un balance negativo. Yo diría que la mujer debería prestar atención siempre a la anemia, porque la condición femenina constituye una condición desfavorable con respecto a la misma. Es decir, la mujer tiene mucha más tendencia a sufrir anemia que el hombre, en particular por el hecho de que los periodos menstruales a lo largo de los años implican siempre un balance negativo del hierro.

¿Qué otro tipo de cuidados debe tener la embarazada?

Debe estar sensibilizada y buscar ayuda médica previa, que consistirá en gran medida en la orientación nutricional. La mujer debe iniciar el embarazo como si se preparara para un maratón y debe hacerlo desde el punto de vista del equilibrio nutricional. Debe comprender hasta qué punto existe una anemia previa y corregirla, teniendo en cuenta que tratar una anemia no implica solo tratar la anemia, sino también prevenir que se han repuesto los depósitos de hierro, algo que puede tardar meses. Por lo tanto, es importante prevenirlo antes, mediante el equilibrio nutricional y una dieta adecuada.

¿Cuál es la dieta más indicada?

El primer acercamiento para disminuir la probabilidad de que se produzca anemia es tener una alimentación equilibrada, que concilie el hierro de origen vegetal con el hierro de origen animal en la misma comida. No comer verduras es malo, pero comer solo verduras también lo es. Conciliar ambas cosas en la misma comida es probablemente lo mejor para la absorción del hierro. Es importante que las personas no se dejen engañar sobre ello, sobre todo ante esos productos alternativos que encontramos en los supermercados, que son muy atractivos para los sentidos, pero que tienen poca cantidad de hierro disponible.

¿Qué complicaciones pueden resultar de la anemia?

La anemia y la deficiencia de hierro tienen un impacto negativo en las tres fases del “sistema”: madre, feto y placenta. La anemia en el embarazo está asociada a un riesgo aumentado de enfermedades maternas y fetales, sobre todo cuando la hemoglobina está por debajo de los 10,5 g/dl, valor de referencia del segundo trimestre. En el caso de la madre se puede producir insuficiencia cardíaca, hemorragia posparto, entre otros problemas. En el posparto, necesitamos un útero competente que después de liberar se contraiga. Un útero en el caso de que exista anemia, debido a la falta de hierro, puede tener pequeñas debilidades en las fibras musculares y tener dificultad para contraerse. También puede haber una predisposición para la infección, retraso en la recuperación poscesárea, y cierto riesgo de accidentes embólicos.

¿Y para el bebé?

Hay un aumento del riesgo del retraso del crecimiento intrauterino, un riesgo de muerte fetal en el útero tres veces superior, y de prematuridad. El bebé ya nace con un ambiente deficiente en cuanto a los depósitos de hierro, lo que en muchas ocasiones se traduce en un impacto negativo en cuanto al desarrollo cognitivo y las aptitudes mentales.

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