Controlar el peso en el embarazo
Sepa cómo controlar de forma adecuada el peso a lo largo del embarazo y manténgase al tanto de los cuidados de alimentación que pueden ayudarla a mantener el equilibrio.

El aumento de peso durante el embarazo es normal y, en la mayor parte de las veces, deseable. El hecho de engordar de forma gradual y moderada es una prueba de que su cuerpo está proporcionando al bebé los nutrientes que este necesita para crecer saludable.
Sin embargo, y aunque este no sea un buen momento para ponerse a dieta, el embarazo no sirve de pretexto para «comer por dos», y es muy importante que cuide su alimentación y evite el sedentarismo, para evitar oscilaciones súbitas de peso y prevenir complicaciones.
El peso del propio embarazo
La evolución del embarazo implica, por regla general, un aumento de peso. Este aumento debe ser regular, adaptado a las características de cada mujer y, en la medida de lo posible, controlado. Si por un lado la embarazada necesita ganar el peso suficiente para generar las bases que permitirán que el bebé se desarrolle bien; por otro lado, debe evitar el aumento súbito de peso, en muchas ocasiones asociado a complicaciones como la diabetes gestacional o la hipertensión.
La ganancia de peso ideal a lo largo de las 40 semanas de gestación varía de madre a madre, y el cálculo de ese valor depende del Índice de Masa Corporal (IMC) de la mujer antes de quedarse embarazada.
De acuerdo con una tabla publicada en 2009 por el Institute of Medicine, si el IMC de la mujer antes de quedarse embarazada se sitúa entre los 18,5 kg/m2 y los 24,9 kg/m2; es decir, si la mujer presenta un peso normal, se recomienda una ganancia de peso total entre los 11,5 kg y los 16 kg durante el embarazo.
De media, excepto en el caso de mujeres con bajo peso o obesidad, la mayor parte de las embarazadas deben adquirir unos 12 kg durante el periodo de gestación.
Para saber cuál es el aumento de peso más adecuado, es importante que la embarazada consulte a un médico especialista o a un nutricionista.
Distribución del peso
La ganancia de peso a lo largo de la gestión se distribuye entre el útero, la placenta, el líquido amniótico y el tejido mamario, debiéndose también a la retención de agua y al aumento de las reservas maternas bajo la forma de grasa y proteínas.
Al principio de la gestación, el aumento de peso se concentra sobre todo en la madre, debido a las necesidades añadidas para la producción de sangre con vistas a proporcionar nutrientes al feto. Al final del embarazo es el bebé el que gana peso, adquiriendo unos 200 g por semana.
Supervisión
La supervisión del peso durante el embarazo forma parte de la rutina de las consultas prenatales. Sin embargo, para evitar posibles complicaciones derivadas de variaciones súbitas de peso, se recomienda que la embarazada se pese todas las semanas.
Como explica la nutricionista Maria Ana Carvalho, este pesaje solo tiene sentido si se hace bien, por lo que es importante que la embarazada tenga en cuenta algunas reglas para obtener resultados fidedignos. «O la madre solo se pesa en la consulta o, si prefiere pesarse en casa, no debe hacerlo todos los días. Debe pesarse una vez a la semana, siempre en la misma balanza, en ayunas, sin ropa y después de haber ido al baño», aclara la especialista.
Prevenir complicaciones
Cuando la embarazada presenta un valor de IMC pregestacional diferente de los valores considerados normales, situándose en las categorías de “bajo peso”, “preobesidad” o “obesidad”, debe ajustar su estilo de vida y sus objetivos de peso a esas características.
Por ejemplo, una mujer que presente bajo peso, con un IMC inferior a 18,5 kg/m2, deberá garantizar un aumento de peso de entre 12,5 kg y 18 kg para asegurar que tiene el peso necesario para sostener el embarazo. Si la madre está demasiado delgada, el bebé puede nacer con bajo peso.
En el caso de que la madre se encuentre en una situación de obesidad no deberá ganar más de 5 a 9 kg durante todo el embarazo. Si engorda más de lo recomendado, correrá un riesgo añadido de desarrollar complicaciones durante la gestación y el parto.
Para contrarrestar esta posibilidad, las mujeres que inician el embarazo con exceso de peso deben tener un cuidado especial en lo que respecta a la alimentación.
Según Maria Ana Carvalho, no se deben realizar dietas para perder peso durante el embarazo, pero las circunstancias implican un cambio de hábitos. «La embarazada no seguirá una dieta para perder peso, lo que sucede es que se le recomendará un plan alimentario adaptado a las necesidades energéticas y nutricionales propias del embarazo que, en algunos casos, podrá presentar menos calorías de las que ingería la embarazada inicialmente», explica.
Control
De acuerdo con Maria Ana Carvalho, el aumento de peso recomendado durante el primer trimestre de gestación es muy reducido –entre ½ kg a 2 kg– por lo que «la madre debe reservar toda la ganancia de peso para el final». ¿Pero cómo ganar peso sin comprometer la salud? Según la nutricionista, siguiendo una alimentación equilibrada, variada y completa, basada en la rueda de los alimentos. Es decir, ingiriendo más alimentos de los grupos de mayores dimensiones de la rueda, como las verduras, y menos de los de menores dimensiones, como las grasas.
La embarazada también tiene que tener el cuidado de comer cinco veces al día, como mínimo, y de beber bastante agua, unos ocho a diez vasos por día. En las comidas principales, debe incluir siempre sopa de verduras –lo que también le ayudará a prevenir el estreñimiento– un plato principal y una pieza de fruta.
En cuanto a la composición del plato, la mitad de este debe estar compuesto por productos hortícolas diversos –como lechuga, verduras, tomate, brócoli o coliflor– y la otra mitad debe contener, en partes iguales, una fuente de proteínas –como la carne, el pescado o los huevos– e hidratos de carbono de absorción lenta, como el arroz vaporizado, el boniato o el arroz y la pasta integral. La embarazada también debe evitar el consumo de alimentos azucarados como chocolates, pasteles y galletas, reservando su consumo para ocasiones especiales; debe rechazar la ingestión de bebidas alcohólicas, limitar la ingestión de cafeína a 200 mg por día, lavar muy bien todas las verduras y frutas crudas por lo menos durante 15 minutos con un producto apropiado; y eliminar el consumo de carne y pescado crudo o de productos ahumados.
Además de los cuidados con la alimentación, la práctica de ejercicio físico regular y moderado puede ayudar a controlar el aumento de peso, además de contribuir al bienestar psicológico de la madre. «El ejercicio físico es una cuestión importante, que se debe discutir muy bien con el médico, pero en principio, una madre que haga ejercicio físico en su vida normal puede seguir haciéndolo durante el embarazo. Existen ejercicios más adecuados que otros. Los paseos, la natación o la hidrogimnasia son buenos ejercicios, pero lo más importante es aliar este estilo de vida activo a una alimentación saludable», considera Maria Ana Carvalho.


